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Los comedores ecológicos en los colegios y la soberanía alimentaria en España

Quizás con la que está cayendo en este país, la mayoría de vosotras penséis que la soberanía alimentaria no es el derecho más importante que estamos perdiendo, pero me cuesta creer que haya derecho más básico que el derecho a disponer de alimentos dignos, saludables y a un precio asequible para toda la población.

No, no voy a hablar del aborto. Y no porque no me parezca indignante, más bien porque me deja sin palabras. Pero voy a hablar de una realidad cotidiana igual de sangrante que pasa notablamente desapercibida y que no llena titulares.

Hablo del ataque permanente a la soberanía alimentaria en este país. La comida más accesible, barata y fácil de comprar es la de peor calidad. Esto no pasaba de ser una cuestión de educación y elección hace unos años, pero ya no lo es durante la crisis. Millones de hogares españoles no tienen dinero para acceder a alimentos sanos y decentes, y en su lugar deben optar por comprar la “comida” más barata ofrecida por las cadenas “alimentarias”, que incluyen “carne” y “productos lácteos” con más fécula que otra cosa y un montón de colorantes y aditivos para disfrazar la falta de producto principal, zumos y bebidas cuyo contenido en azúcar refinado se puede contar a cucharadas y verduras bien empaquetadas con todos sus fertilizantes y productos químicos.

La comida más sana según, incluida la dieta mediterránea, se ha convertido en prohibitiva y difícil de adquirir sus ingredientes. Es más fácil adquirir todo tipo de “hamburguesa”, “salchicha franckfurt”, “croquetas”, “embutido”, etc, que comprar aceite de oliva virgen extra, legumbres y patatas ecológicas y locales libres de pesticidas y GMO, con un precio justo.

Los productos integrales o los cereales diversos que podrían contribuir a la calidad de la alimentación y la salud de las personas, como el mijo, el trigo sarraceno, la quinoa… etc son difíciles de encontrar, caros y oportunamente calificados como productos de “dieta” o para personas enfermas.

Lo cierto es que una dieta diaria que incluyera menos variedad de alimentos pero que explotara más las variedades locales y la diversidad (acceso a la decena larga de lechugas locales en vez de ensalada de lechuga, tomate y pepino de una única variedad durante todo el año), con una variedad importante de cereales integrales que no se limite al dúo pasta-arroz (centeno, avena, trigo perlado, kamut o espelta entre muchos otros), alta en verduras y baja en proteína animal, con una eliminación radical de los azúcares y harinas refinados, no solo puede resultar más barata y contribuir al desarrollo de los mercados locales. Además sería mucho más saludable y nos permitiría ahorrar una parte importante de la factura sanitaria.

Ahora bien, la transición a este tipo de alimentación, que le devuelve la soberanía alimentaria a las personas y a las agricultoras, desgraciadamente es extremadamente cara en este momento para la población española, siendo este el origen de la epidemia de obesidad y muy particularmente de obesidad infantil. La razón no es que la agricultura ecológica y local sea más cara. La razón es que el resto de la comida está subvencionada por el sistema: son los que contaminan los que deberían pagar la certificación de los productos libres de pesticidas y no al revés. Son los productos que podrían estar causando cáncer, desarreglos hormonales, obesidad y un largo etcétera de patologías con un origen en las sustancias que ingerimos en la comida, o directamente en las propiedades de la comida que ingerimos, son estos productos los que deberían incluir un impuesto sanitario para corregir su falso precio actual.

A la industria alimentaria le sale muy barato darnos de comer alimentos basura. No solo eso, a la industria alimentaria le sale extremadamente barato alimentar a nuestros hijos y enfermos, ancianos…. todos las concesionarias de alimentación de colegios, universidades, hospitales, asilos, etc. están en manos de empresas que priman el beneficio por encima de todo y que dan de comer en estos comedores la comida de más baja calidad que se pueda encontrar en el mercado para maximizar dichos beneficios. Y conozco esta situación de primera mano, porque pertenezco a la comisión de comedor de mi colegio, y he tenido que ver los presupuestos de una contrata normal y los presupuestos de la empresa local y ecológica que hemos elegido. Y créanme que si algunos de ustedes conocieran exactamente cuánto dinero del que pagamos está realmente invertido en la comida diaria de sus hijos, quizás se lo pensarían dos veces antes de dejarlos en el comedor.

La comida de nuestros hijos, ancianos, enfermos no puede basarse en criterios económicos. Tiene que basarse en criterios de salud, calidad, km 0, apoyo a los distribuidores y productores locales, etc. Y este modelo, tan beneficioso en el largo plazo, necesita apoyo estatal y regional para competir en igualdad de condiciones con las poderosas multinacionales y distribuidoras de alimentos.

Actualmente mi escuela ha tenido que reducir el número de alimentos ecológicos que ofrece en el menú porque debido a la crisis cada vez menos niños se quedan al comedor. Es urgente que las administraciones faciliten becas comedor para las familias con menos recursos (recordemos la cantidad de niños catalanes que comen solo una vez al día, en el colegio); que dicten nuevas normas de licitación que incluyan criterios de calidad, empleo local y ecología, no solamente de precio; que los usuarios nos concienciemos y exijamos comida de calidad y sana a precios justos y accesible para todas.

Mientras tanto la Consejería de Educación, Cultura y Deporte exige al AMPA del colegio Gómez Moreno de Granada que se convierta en empresa y apruebe un concurso público para poder seguir con el proyecto de catering ecológico de la escuela, que lleva años ofreciendo comida local de calidad a todos los niños escolarizados, dando trabajo decente y digno a 7 personas. Os animo a firmar la petición para apoyar a este y a todos los proyectos de comedor ecológico que se han iniciado en España en los últimos años y que ahora están en riesgo de desaparecer por la ceguera administrativa y por el ánimo de lucro.

3 pensamientos en “Los comedores ecológicos en los colegios y la soberanía alimentaria en España

  1. Hay una cuestión básica en lo que planteas que es la posibilidad de que entre los criterios para adjudicación de un servicio pagado con dinero público se introduzcan criterios que no sean los habituales y sí otros como en el caso que comentas, proximidad del origen y otras condiciones de producción de los alimentos. La actual legislación de contratación del sector público no deja mucho margen pero creo que es una de las líneas sobre las que hay que incidir. Si existe demanda por parte de lxs usuarixs, del servicio, en este caso lxs padres y madres, pero lxs gestorxs públicos no pueden introducir ese tipo de criterios al sacar pliegos y adjudicar el servicio, es complicado.

    • Efectivamente, Sergio. Incluir en las licitaciones criterios de comercio justo, km o, ecología, sostenibilidad ambiental, contratación decente y salud es un caballo de batalla de los Verdes desde hace años. Durante los años de bonanza se avanzó, y muchos centros públicos empezaron a ofertar café de comercio justo y menús más responsables incluyendo fruta en las máquinas expendedoras, pero la crisis se hascargado todo avance y amenaza con devolvernos tres décadas atrás. Entre tanto, la superficie cultivada en España se multiplica y seguimos exportando todos esos alimentos, que podrían estar creando trabajos dignos y reactivando la economía local. La otra pata indispensable en esta ecuación, como ya mencioné en twitter, para devolver la soberanía alimentaria a la ciudadanía, son los huertos urbanos. Una vez os comenté en Madrid que la teoría geográfica moderna apunta a un nuevo tipo de ciudad y al espacio llamado “rururbano”: ciudades enormes en las que no se distingue el espacio urbano del rural, en la que se van concentrando anillos verdes para alimentar a la propia ciudad, cultivados y gestionados por la ciudad. Al tiempo, 😉

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