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La dignidad y el trabajo

Existen en la mitología y folclore de origen indoeuropeo numerosos ejemplos de lo sagrado de determinadas actividades domésticas, en particular de la limpieza y lavado de la ropa (de la Cenicienta de Perrault a las lavanderas del norte de España), la cocina (de La casita de chocolate de los Hermanos Grimm a la Basilissa de la tradición rusa), tejer e hilar (de las distintas Bellas durmientes europeas a las Tres parcas de la mitología romana).

El origen de estos mitos europeos tiene lugar en el neolítico, hace unos 8.000 años. Científicos de diversas disciplinas coinciden en que el folclore europeo nace durante la revolución agrícola para ayudar a explicar los cambios introducidos por el nuevo régimen: la adopción de la agricultura, la herencia paterna, la incipiente legislación, en definitiva, todos los cambios que tuvieron lugar al pasar de la sociedad nómada al sistema sedentario. El folclore y los mitos son una de las armas fundamentales de la antropología, la historia y la arqueología para entender un pasado del que no nos queda ningún rastro escrito. Y de estos cuentos que nos quedan, sabemos que las tareas de limpiar, cocinar e hilar, entre otras, eran consideradas tareas sagradas y como tales aparecían representadas en numerosos rituales de iniciación.

Y no es para menos, estas tareas cotidianas eran básicas para la vida humana, y podían significar la diferencia entre la vida y la muerte. Quizás ahora limpiar pueda parecer una cuestión de tener ganas o no tener ganas de lavar los platos, pero hace 10.000 años tener la casa y el cuerpo limpio podía ser la diferencia entre una plaga de ratas o de piojos, con consecuencias gravísimas para la salud general de la población.

Cocinar puede parecer ahora cuestión de apretar el botón del microondas. Hace 8.000 años la cocina era una ciencia que convirtió el agua contaminada de las charcas en cerveza no por cuestiones de irse de parranda, sino por cuestiones de higiene: la cerveza fermentada, que apenas contiene alcohol, limpiaba el agua y la hacía potable, evitando numerosas enfermedades provocadas por beber agua encharcada. La misma ciencia que descubrió que hay alimentos venenosos crudos que hervidos pueden alimentar a mucha gente. Una ciencia que creó la fórmula del pan.

Comprar ropa hoy en día se ha convertido en una cuestión de estilo, de consumo, de usar y tirar, o ni siquiera usar. No compramos ropa para vestirnos, compramos ropa para demostrar un status social. La ropa siempre ha sido una cuestión social, pero ¿es posible imaginar la revolución que tuvo que significar el invento del telar para que aparezca en tantísimos mitos y cuentos? El paño mismo, el resultado de hilar, recibe tratamiento de objeto mágico en la cultura popular desde la India a Irlanda, y en la cuenca Mediterránea podemos citar entre otros el mito de Ariadna o la Penélope de la Iliada, tejiendo y destejiendo sin parar para salvar la vida.

Limpiar, nutrir, vestir, sanar, cuidar. Parece que nuestros antepasados lo tenían claro. Se diría a la luz de lo que nos han dejado que eran actividades que encontraban dignas, edificantes, fundamentales. Que las mujeres que las llevaban a cabo recibían el trato de heroínas.

Ayer tuve oportunidad de volver a escuchar al compañero Florent Marcellesi hablando sobre la redistribución del tiempo de trabajo. Trabajo, empleo y ocupación. Un tema apasionante. Entre el público, una persona alzó la manó y comentó que el trabajo no es sólo una obligación. Que el trabajo dignifica. Que una sociedad que trabaja es una sociedad digna. Por supuesto no se refería a las tareas de limpiar, nutrir, vestir, sanar, cuidar, separar, educar. Se refería al trabajo remunerado. Al trabajo productivo. Al que se hace fuera de casa. Al de verdad, vamos. Era una mujer. En la sala todos escuchaban atentamente, algunos asentían. Sólo había una persona trabajando. Cuidaba a un niño pequeño.

Un pensamiento en “La dignidad y el trabajo

  1. ….pues cuidar de un niño pequeño no solo dignifica, tambien es una recompensa para quien aprecie la “inteligencia ingenua en estado puro” de quienes aun no estan deformados (del todo) por la “educacion” social que nos rodea.
    Alfredo

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