De aquí a Navidad, diversos temas directamente relacionados con la cultura, el conocimiento y la tecnología van a estar de plena actualidad en el Parlamento Europeo. Como ya sabéis muchos, la semana que viene se votará el polémico informe Harbour en sesión plenaria. El informe Harbour podría abrir la puerta a la ilegalización de las redes P2P. No contentos con ello, esta semana nos enterábamos de la propuesta de alargar los derechos de autor de 50 a 95 años tras la muerte del autor, lo que significa que las obras no estarán disponibles de forma libre para los usuarios hasta pasado un siglo. Entre tanto, la Comisaria Vivanne Redding nos expondrá el próximo 23 de septiembre su propuesta para regular los mensajes de texto de móvil, el famoso Roaming II (Roaming I se refería exclusivamente a las llamadas de teléfono).
La polémica del informe Harbour viene de lejos. En la oficina recibimos todos los días las airadas protestas del sector en defensa del informe. Se trata, cuando vienen organizadas en grupo de presión, de la industria del contenido. Sin embargo, los que duelen más son los de dueños de videoclubs, que han visto a gran parte del sector irse directamente al paro. Acusan de la precaria situación a la universalización de la Internet, el intercambio de archivos a través de redes P2P y la piratería. Se han olvidado ya de la crisis que la universalización del VHS causó en los ochenta. Aquella también fue mundial, y mandó al cierre a cientos de salas de cine sólo en España. Vimos, los que eramos un@s niñ@s entonces, desaparecer la profesión de acomodador/a. ¿Os acordáis? Pero el VHS no sólo dañó a los cines sino que dañó al cine en sí. Se acabaron las superproducciones y apareció el cine kleenex y los guiones clónicos que tantas protestas han causado. Sobrevivió… Hollywood. Perdió la cultura, perdimos tod@s.
Unos años después, el sector se repensó así mismo y ahora hay más cines en mi ciudad que videoclubs… Efectivamente. La industria de contenidos está pasando una crisis, que reformará o incluso revolucionará el sector. A la industria tradicional le faltan ideas, por ejemplo, los usuarios de internet desconfían del fraude y son reacios a dar su tarjeta de crédito o cuenta bancaria. Dicha falta de confianza se podría haber suplido con sistemas similares al pago por visión. La propia industria se podría haber apropiado del P2P: págame 50 céntimos y te dejo descargarte la peli para verla 1 vez, si me das 5 euros la puedes ver, digamos 10. Y no me das tu cuenta ni tu tarjeta: te lo cargo directamente a tu factura telefónica… Pero no lo han hecho.
La industria no esta acabada, y la gente seguirá pagando con gusto por los contenidos que le gustan y le interesan, si el mercado es justo. Los artistas harían bien en apoyar modelos de negocios alternativos y novedosos por internet (como Jamendo, a menudo he pagado con gusto por la música que me ha gustado), en vez de criminalizar a sus clientes.
Os iré comentando cómo salen las votaciones, y si al final gana la libertad de la cultura y el conocimiento.